Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta violencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de julio de 2009

¿Cómo detener la maldad?

Diariamente vemos información variada en las páginas de los diarios de nuestro país. Generalmente los principales titulares se enfocan en aquello que estamos ya acostumbrados a ver: El Presidente llenandose la boca sobre "todo" lo que está haciendo, la mujer del Presidente regalando dinero a algunas familias a través de Cohesión Social -uno de los "brazos sociales" del Gobierno Uneísta más cuestionados por su falta de transparencia y la alta probabilidad de fugas misteriosas de dinero-, con el objetivo de comprar la simpatía de futuros votantes, cuya necesidad es más grande que su criterio para reconocer que son engañados y utilizados; los diputados, "padres y madres" de la patria, si no están insultandose y agrediendose, están perdiendo el tiempo en interpelaciones eternas sin objetivo y discursos politicos que solo les interesan a ellos.

Mientras tanto, el barco de la nación, navega por inercia, hacia donde el viento lo lleve. No existe una dirección, no existe un norte, no existe liderazgo ni interes de parte de alguien por echar la cara por Guatemala y tomar la riendas del país.


En otras secciones de los diarios, está la otra cara: cadaveres encontrados día a día; otro piloto muerto; una joven mujer embarazada asesinada en una tienda por no pagar la extorsión... los médicos lograron salvar al bebe de 36 semanas de gestación quien tuvo un paro respiratorio pero logró sobrevivir... hasta el momento; otros ataques de maras dejan más muertos y heridos; y luego la foto de un marero capturado... la mirada sanguinaria, la rebeldía en el rostro, la inconsciencia y la carencia de temor hacia la justicia Divina y mucho menos hacia la del hombre.... Sí, acabo de matar a alguien y ¿qué? ¡No pagó, se lo busco!

Pero ¿es que realmente no es posible parar a estos desalmados?

Hace algunas semanas en un articulo de Carlos Alberto Montaner que compartí en éste blog, él mencionaba que en Estados Unidos se ha logrado reducir las tasas de criminalidad en muchas ciudades, a través de la implementación de legislatura más dura en contra de los criminales, pero obviamente esto necesita la voluntad politica para hacerlo, pues conlleva el trabajo en conjunto de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, pero de que es posible, es posible.

Veamos algunos simples ejemplos de leyes y acciones que se han implementado en varios estados de la unión americana:
  • El 75% de los actos delictivos son cometidos por personas que han sido arrestadas o convictas en alguna ocasión. De tal manera que la toma y almacenamiento del ADN de cada uno de los convictos y arrestados por diversos crimenes y su administración a través de un software especializado -tipo CODIS- permitiría la resolución de una gran cantidad de casos. Según las estadisticas americanas, todos aquellos criminales ligados a un delito a través del ADN, tenían al menos 11 arrestos previos, y en algunos casos habían sido condenados por diversos hechos hasta en 5 ocasiones.
  • Si un delincuente es condenado hasta 3 veces por un hecho criminal con un arma que ponga en riesgo la vida de otra persona, automaticamente se hace acreedor a una condena perpetua. Ha demostrado que no puede vivir en sociedad, es un riesgo para la vida de gente inocente y debe permanecer encerrado.
  • Condenas capitales para todos aquellos que asesinen a una persona de forma premeditada o como consecuencia de un secuestro.
  • Menores de edad que cometen asesinatos o que utilicen armas en el desarrollo de actos reñidos con la ley, deben ser juzgados como adultos.

  • Desarrollar leyes que den a las maras el tratamiento de "terroristas". ¿Por qué? Porque de hecho caen perfectamente en la definición, ¡tienen al pueblo aterrorizado!
  • Y lo más importante, hacer que las leyes se cumplan.
Si realmente existiese la voluntad politica para hacer algo, podría hacerse. Desafortunadamente no tenemos el liderazgo necesario, no tenemos un Presidente que desee o pueda hacerlo, no tenemos un Sistema Judicial que piense que puede hacerse, no tenemos un Congreso que le ponga coco. No les interesa proteger a la ciudadania.
Mientras, la gente sigue muriendo y los politicos siguen buscando la manera de mantenernos divididos, separados, peleando entre nosotros y motivando intereses en cada grupo para que siempre estemos polarizados y que ellos sigan enriqueciendose ilicitamente a nuestra costa.

¿Hasta cuándo nos daremos cuenta de que estamos dejando el país en las manos de gente malvada? ¿Será que dejaremos que nos lleven hasta la orilla del abismo? ¿Será que vamos todos a buscar la manera de protegernos cada uno por nuestras propias pistolas? Quizás ese sea el único camino que nos dejen, pero sería triste porque implicaría que seríamos también arrastrados a defender con violencia nuestra propia sobrevivencia.

Por eso, cada vez que podamos deberiamos recordarle a nuestro mediocre gobierno que "la primera función del Estado es garantizar la vida de los ciudadanos y castigar a quienes la ponen en peligro".

Desafortunadamente tenemos un Presidente mediocre, sin pantalones y sin capacidad para poner orden en ninguna parte. Así que para la próxima, piense bien su voto, porque los muertos los estamos poniendo todos, parejo, sin distinción social, obrero, piloto, estudiante o empresario, niño, bebe, anciano, madre, padre, hijo.... todos los días. ¿cuándo reaccionaremos? ¿cuando nos toque? o ¿cuando nos vuelva a tocar?

¡Despierta Guatemala!

miércoles, 27 de mayo de 2009

INSEGURIDAD

Les comparto unos parrafos de un articulo escrito por Carlos Alberto Montaner acerca de la situación de inseguridad que se vive no sólo en Guatemala, sino en muchos países de Latino América:
"Una grave advertencia: el mayor riesgo de América Latina, su mayor problema, es la incapacidad de nuestros Estados para lograr que se cumplan las leyes esenciales que justifican su existencia. En el siglo XVII, Thomas Hobbes, desesperado por las atrocidades que había visto durante las guerras religiosas que estremecieron a Inglaterra, exiliado él mismo en París --era un católico ferviente--, escribió en 1651 un libro clave en la historia del mundo contemporáneo: Leviatán. Para Hobbes no había duda: dada la ferocidad y el egoísmo de los seres humanos, la vida en común sólo podía conseguirse si se entregaba el monopolio de la violencia a un soberano omnipotente que mantuviera a raya los malos instintos de nuestra peligrosísima especie. Esta era la justificación última del Estado: sólo él estaba autorizado a repartir los palos y construir los patíbulos. De lo contrario, nuestro destino era la selva y su ley del más fuerte, del más salvaje, del más cruel. A Hobbes, felizmente, lo moderó otro inglés de una generación posterior, John Locke, que estableció límites al poder de ese soberano, pero sin negar la premisa básica: la primera función del Estado es garantizar la vida de los ciudadanos y castigar a quienes la ponen en peligro.

Exactamente eso es lo que se está derrumbando en América Latina: nuestros Estados, de manera creciente, van perdiendo la batalla contra los criminales violentos. ¿Se puede revertir esta tendencia? Claro que se puede. En Estados Unidos está ocurriendo. Los últimos datos confirman que el número de delitos graves desciende ostensiblemente. Hoy se cometen menos, en proporción a la población, que hace treinta años, y se castigan más: el 70 por ciento de los asesinatos son resueltos por la policía y sancionados por los tribunales. Son 17,000 los crímenes contabilizados --6 por cada 100 000 habitantes-- y es mucho mayor el número de violaciones, pero los ciudadanos perciben que están ganándoles la guerra a los delincuentes. En una ciudad como New York, esa sensación es casi triunfal y probablemente lleve al Senado al popular alcalde Giuliani, un republicano de la escuela política de Clint Eastwood y su famoso "Harry el Sucio''. ¿Dónde está el secreto? En una combinación de leyes estrictas, más policías, más jueces, más cárceles y sentencias más largas. Son medidas dictadas por el sentido común y la experiencia. Ya casi nadie cree que la cárcel regenera o que el criminal violento es la víctima de la injusticia social o de un trauma freudiano.

El setenta y cinco por ciento de los delitos son cometidos por criminales reincidentes que comenzaron a aporrear a sus prójimos en la adolescencia. Es verdad que en Estados Unidos ya hay un millón setecientas mil personas tras la reja. Y es cierto que la mitad de ellas han sido condenadas por la locura norteamericana de castigar la costumbre que tienen millones de ciudadanos de consumir droga: algo que debería ser considerado una suicida estupidez o una dolencia, nunca un delito. Pero también es innegable que Estados Unidos ha hecho la elección correcta: en lugar de proteger con barrotes a las personas decentes, son los criminales los que acaban encerrados. Si alguien debe padecer miedo, que sean los transgresores de la ley.

¿Se puede derrotar a los criminales violentos en América Latina? Por supuesto, pero la sociedad debe entender que eso tiene un alto costo, y ni siquiera es sólo una cuestión de dinero: la criminología es una disciplina compleja en la que intervienen el derecho, la sociología, la sicología y la ciencia. Pero lo primordial es reconocer humildemente que ésa es la encarnizada guerra de las próximas décadas. Hobbes, que amargamente usó el latinismo del hombre como "lobo del hombre'', sabía que para sujetar a esa fiera alguien tenía que tener los colmillos más afilados. Es mejor que sea nuestro lobo el que da la dentellada."
Creo que el articulo anterior se explica por sí solo y nos deja pensando no sólo en las limitaciones de nuestro propio gobierno para hacer frente a la delincuencia, sino aún peor, la falta de una voluntad politica para hacerlo, la falta de enfoque para atacar el problema frontalmente.
En el futuro seguiremos elaborando en relación a éste tema tan fundamental para nuestra sociedad y la nación.